Bouquet

24 Jun

Aquella biblioteca había sido reunida a lo largo de varias generaciones. Era uno de los reflejos de la prosperidad de la familia durante los últimos 200 años. Otro de esos reflejos lo conformaba el caserón de piedra y madera que la acogía, o el bellísimo jardín que rodeaba el conjunto. El negocio se lo había permitido: 800 hectáreas de viñedos en ese rincón de La Rioja especialmente dotado por la geología y el clima para hacer manar los vinos más especiales.

Descorchó la botella con nerviosismo, el bouquet que perseguía era un aroma terciario que sólo se producía dentro del vidrio, mucho más tarde que los efluvios primarios y secundarios conseguidos durante la fermentación en la barrica. Por este motivo llevaba esperando tres años, en la incertidumbre, dejando al tiempo trabajar. Hasta entonces sus otros experimentos habían tenido éxito: incluso había dado con un vino cuyo bouquet, tarima de iglesia, mezcla de incienso y cera, hacía furor en las ferias internacionales. Pero el aroma que buscaba, el que le volvía loco desde niño, y a la vez le daba la paz, se le escapaba intento tras intento…

Vertió el vino en la copa y sin moverla lo olió… iba bien… le dio vueltas, esperó… volvió a inspirar… iba muy bien… lo probó… y …¡al fin!, era justo lo que había deseado: un vino con todos los matices del olor de un libro antiguo, ¡por fin podía beberse su amada biblioteca tomo a tomo!

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