Vuelva usted mañana

14 Sep

Había roto el princio de Peter, aquello de que toda persona asciende en una organización hasta alcanzar su nivel de incompetencia. Esa barrera la dejó atrás hace tiempo, hasta situarse muy por encima de ese listón. Incomprensiblemente era jefe de un gran departamento y tenía un equipo de tropecientas personas a su cargo, a pesar de su gran defecto: esa indecisión perpetua que le hacía vivir en el caos.

Su gente se quejaba, y vivía instalada en la confusión “¿de qué ha servido la reunión?, sigo sin saber por qué vía avanzar, dice que ya nos contestará la semana que viene, pero sé que no… entonces no habrá elementos distintos a los que ya tenía hoy para optar por un proyecto u otro, y, mientras, seguiremos de brazos cruzados”. Daba vueltas y vueltas a detalles como el color de la leyenda de un plano, el tipo de letra de un informe, o la fecha de reunión con un cliente, cambiándolos como en un juego de trileros, y retrasando el trabajo día tras día.

Sin embargo esa tarde por primera vez su defecto le sirvió de algo, y milagrosamente consiguió posponer también esta cita final: “señora Parca, le agradezco el interés que muestra por mí, pero en este momento creo que no puedo atender su solicitud… póngase en contacto conmigo dentro de unas semanas y ya entonces si acaso volvemos a hablar sobre este asunto, o quizá fijamos otra cita para otro día de otro mes de otro año”

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