Somatneserp ne aicimirp le Númocoditnes

3 Nov

El profesor Helmut von Kälher, cansado de dejar pasar taxis en los días fríos y lluviosos de Frankfurt delante de él sin que parasen a recogerle, ha ideado un innovador sistema consistente en situarse al borde de una acera, y levantar visiblemente el brazo al paso de un taxi libre. Este nuevo código de comunicación entre los usuarios y el colectivo de conductores por minutos se ha extendido rápidamente por todo el país, traspasando incluso las fronteras. “Estaba harto de esperar a que un conductor interpretara por mi actitud estática que deseaba coger un taxi, así que pensé que agitar una extremidad llamaría su atención, elegí el brazo por pura ergonomía, quizá en un país más cálido podría haber pensado en otro miembro”. La medida ha ahorrado desde su implantación la emisión de unos 50 millones de toneladas de CO2, que eran causadas por el tráfico de agitación de los taxistas en busca de clientes.

Pero no toda innovación viene de fuera, Doña María González, de Carabanchel Alto, ha dado con un sistema de gestión de deliveries que apunta una revolución en la organización de esperas. Su propuesta se basa en preguntar “quién da la vez”, contraseña mediante la cual se establece un orden, una prelación que prentende terminar con las temibles luchas de calabacines y merluzas en los mercados de abastos, causantes como se sabe de millares de victimas al año. El proyecto aspira a acabar con una lucha darwinista que favorecia únicamente a los más agresivos en el acceso a las provisiones. Con el método “quién da la vez” se establece una verdadera igualdad de oportunidades, que hace realidad el dicho “a quien madruga Dios l’apoya”.

Por último, esta vez desde Londres, la ciudad que vió nacer las escaleras mecánicas en los almacenes Harrod’s, nos llega la novedosa propuesta de la “ascensión en dos velocidades”. Para ello basta que quienes tienen menos prisa en la salida del metro se desplacen a un lado (eso sí, todos al mismo, por ejemplo el derecho), dejando paso a quienes prefieran ahorrar unos segundos vitales en la vorágine de la city subiendo a pie las escaleras mecánicas.

Como se ve, todas ellas son medidas de gestión que no implican el uso de sofisticados sistemas tecnológicos, sino que se basan en el antiquísimo sentido común, o, como diría el filósofo Martínez Soria “si te cuesta lo mismo hacerlo bien que hacerlo mal, pon un poquico de esmero… alma de cántaro”

Sí, lo has pillado: es un pálido homenaje al cómo acabar de una vez por todas con la cultura, de Woody Allen, imprescindible libro de cabecera de todo absurdista.

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Una respuesta to “Somatneserp ne aicimirp le Númocoditnes”

  1. alberto 3 de noviembre de 2012 a 10:55 PM #

    Excelente primo!!!!

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