Introspección

30 Ene

Dime, ¿no me echas de menos?, soy tú, eres yo, ¿no te echas de menos?.

¿Cuándo fue la última vez que, simplemente, paseamos juntos por la calle mirando la ciudad, a la gente, los edificios, las nubes, o pensando en Babia?

“qué buena está esa tia (…) aquella librería es nueva (…) hoy el cielo está limpio y el aire huele a sierra (…) me encanta el otoño en Madrid (…) ¿cómo te ves en ese espejo?, mejor no haber mirado, cada vez hay menos pelo ahí arriba”.

Diálogos (¿monólogos?) silenciosos, interiores, entre tú y yo, entre yo y yo.

Ya no me hablas, siempre hay mensajes de whatsapp que contestar, correos, comentarios en facebook; la puta pantalla que te comunica con el mundo te incomunica contigo mismo, porque basta que haya 30 segundos de espera por delante para sacarla: en el andén, aguardando el ascensor, o en un semáforo.

Lo pasábamos bien antes, mirando al techo en la cama, o en los viajes, viendo el paisaje veloz por la ventanilla, y monologando.

¿Será una etapa y volveremos a pasar más momentos juntos, o nos habremos vuelto zombies hiperconectados para siempre?

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